2.6 Ecología superficial y ecología profunda

2.6 Ecología superficial y ecología profunda

En el marco de la recepción cultural del concepto de AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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no sólo se han desarrollado reflexiones destinadas a explicar las causas históricas y estructurales que nos han llevado a la crisis ecológica actual —como ocurre con nociones críticas tales como el Capitaloceno, la tecnósfera o la cultura fósil—, sino también concepciones orientadas a transformar de manera radical nuestro marco cultural, ético y mental. Entre estas últimas destaca la ecología profunda, formulada en los años setenta del siglo XX por el filósofo noruego Arne Næss, quien buscó ir más allá de los enfoques ambientalistas superficiales centrados en la gestión de recursos o en la mitigación de daños. Aunque se formuló en un contexto previo al debate sobre el AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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, esta perspectiva ha cobrado nueva relevancia en los últimos años, pues ha sido retomada por diversos enfoques teóricos que, en el marco de la crisis planetaria, buscan ofrecer un horizonte ético y cultural alternativo, capaz de imaginar modos de existencia distintos a los del antropocentrismo moderno y, en consecuencia, abrir la posibilidad de habitar el mundo de una manera más justa y equilibrada con el resto de los seres vivos.

Bolsas y popotes

El 1 de enero de 2020 entraron en vigor en México una serie de reformas a la Ley de Residuos Sólidos que, en resumidas cuentas y entre otras cosas, prohibieron que las tiendas y los supermercados entregaran a los consumidores sus compras en bolsas plásticas desechables. La reforma, en apariencia sencilla, buscaba reducir la cantidad de plásticos que terminaban en la basura, en tiraderos clandestinos, en las calles, los canales o los ríos. Su impacto inmediato resulta evidente: si se dejan de producir y distribuir millones de bolsas de plástico, habrá millones menos circulando en el ambiente. Sin embargo, la pregunta de fondo es qué tipo de transformación real promueve una política de este tipo. Basta observar que en esos mismos supermercados se siguen comercializando miles de productos envueltos en múltiples capas de plástico, elaborados con ingredientes como aceite de palma —cuya producción es devastadora para los ecosistemas tropicales—, o fabricados por empresas que aprovechan concesiones opacas para explotar mantos acuíferos. Esto significa que, a la par de la prohibición de las bolsas, persisten dinámicas económicas profundamente contaminantes que permanecen intactas. En este sentido, tales medidas, aunque bien intencionadas, funcionan más como paliativos que como soluciones estructurales a un problema que no admite soluciones fáciles

Fuente: iStock

No obstante, políticas similares se han vuelto muy populares en las últimas décadas: pensemos en las campañas contra el uso los popotes desechables, en marcas de refrescos que presumen usar un porcentaje de plástico reciclado en sus botellas, o en estrategias de mercadotecnia “verde” que buscan transmitir una imagen de responsabilidad ambiental. De esta manera, la preocupación ecológica se convierte en una herramienta de marketing y en un mecanismo para “hacer sustentable” la continuidad de un modelo de producción y consumo que, más bien, es a todas luces insustentable. Esto no significa que debamos rechazar de plano estas iniciativas ni, mucho menos, entregarnos al uso indiscriminado de plásticos u otros productos contaminantes. Al contrario: cada esfuerzo por reducir residuos es valioso, pero es fundamental reconocer sus límites. Lo urgente es no detenernos en la ilusión de la “solución rápida” y, en cambio, impulsar cambios en nuestra concepción misma del mundo que cuestionen la lógica de este tipo de medidas ecológicas superficiales. 

Ecología superficial

La distinción entre ecología superficial y ecología profunda fue formulada por el filósofo noruego Arne Næss (1912-2009), lo que muestra que las raíces de esta discusión se encuentran en el terreno de la filosofía y no únicamente en el de las ciencias naturales. Næss propuso este enfoque como una respuesta crítica a la agenda científica del siglo XX, particularmente la de los países industrializados en la posguerra, que buscaban ofrecer soluciones técnicas a los problemas ambientales que se volvían cada vez más evidentes a medida que el modelo industrial se consolidaba como estándar global. La ciencia, según Næss, se había convertido en un herramienta del status quo, por lo que solo se preocupaba por mitigar los efectos secundarios del sistema productivo y de consumo dominante, sin cuestionar sus fundamentos ni plantear transformaciones profundas en su estructura política, económica y cultural.

En el caso de México, estas tensiones se manifiestan en múltiples conflictos socioambientales, en los que pueblos originarios, comunidades campesinas y sectores periféricos enfrentan despojos de tierra, contaminación del agua o del aire, y la degradación de sus territorios como consecuencia de megaproyectos extractivos, agroindustriales o urbanos. Basta pensar en la resistencia de comunidades contra proyectos mineros, hidroeléctricos o de infraestructura que, bajo el discurso del progreso, ponen en riesgo tanto su salud como su forma de vida. Estas poblaciones pagan el precio de las comodidades y del consumo de una minoría urbana privilegiada, cuyos intereses se sostienen a expensas del bienestar colectivo y del equilibrio ecológico. En este sentido, la crítica de Næss sigue siendo pertinente: mientras las medidas sigan orientadas a gestionar la crisis sin cuestionar sus causas estructurales, lo que se reproduce no es una solución duradera, sino la prolongación de un modelo que erosiona tanto la biósfera como el tejido social.

Fuente: PODER Latam. (Leer más en: https://www.gob.mx/semarnat/prensa/la-semarnat-reitera-que-el-derrame-ocurrido-en-el-rio-sonora-fue-por-negligencia-de-grupo-mexico)

En el marco de la reflexión humanística en torno al AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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, la ecología superficial se revela como un enfoque que, en contraste con la ecología profunda, no cuestiona las bases culturales y civilizatorias del antropocentrismo, sino que busca mantener el estado de cosas actual mediante soluciones técnicas o económicas que permitan seguir reproduciendo los mismos modelos de desarrollo. En este horizonte se inscriben, por ejemplo, dos de las corrientes actuales de la ecología superficial: el ecomodernismo y la geoingeniería. 

El primero es una corriente que confía en la capacidad de la ciencia y la innovación tecnológica para desacoplar el crecimiento económico de la explotación de los ecosistemas, por lo que defiende que la modernización y la urbanizaciónLa urbanización es el proceso por el cual la población se desplaza desde las zonas rurales hacia las ciudades, lo que resulta en un crecimiento constante de la proporción de…
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intensiva podrían liberar a la naturaleza de la presión humana. Ejemplos de esta postura se encuentran en el Manifiesto ecomodernista (2015), en el que se plantea que, mediante la ciencia, la tecnología y la innovación social, puede configurarse un “Buen AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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”, es decir, un AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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en el que el bienestar humano se mejore sin continuar degradando irreversiblemente los sistemas naturales. 

La segunda, la geoingeniería, es un enfoque técnico que propone intervenciones a gran escala en los sistemas planetarios —como la captura y almacenamiento masivo de carbono o la manipulación de la radiación solar— con el fin de mitigar los efectos del cambio climático sin alterar de fondo las lógicas productivas actuales. Ejemplos concretos incluyen los experimentos de inyección de aerosoles en la estratósfera para reflejar parte de la radiación solar o los proyectos de fertilización oceánica con hierro destinados a aumentar la absorción de CO₂. 

Pese a que suelen ser presentadas como soluciones pragmáticas a la crisis ecológica, ambas tendencias han sido criticadas por los defensores de la ecología profunda, quienes las acusas de perpetuar la dependencia tecnológica y económica del modelo dominante, sin abrir la posibilidad de generar un cambio radical en nuestra relación cultural con el mundo.

Ecología profunda

Næss advirtió que, para afrontar la crisis climática, no basta con parchar las consecuencias del modelo industrial ni con depositar toda la confianza en los avances tecnológicos. Es necesario adoptar una mirada global y transdisciplinaria, capaz de articular la ciencia, la ética, la política y la cultura para incidir en políticas públicas que vayan a la raíz del problema. Podemos tomar el caso de los automóviles como ejemplo: en las grandes ciudades, una de las principales fuentes de contaminación atmosférica es el tránsito saturado de automóviles particulares que atascan las calles y que deterioran la calidad del aire y, con ello, la salud de millones de personas. La solución que más foro ha ganado en la discusión pública es sustituir los autos de combustión interna por vehículos eléctricos, con la promesa de eliminar las emisiones directas de gases contaminantes. Sin embargo, esta propuesta sigue siendo una solución superficial: la fabricación de las baterías de litio y otros metales es altamente contaminante y conlleva graves impactos socioambientales, desde la devastación de ecosistemas hasta violaciones de derechos humanos en comunidades mineras de América Latina, África y Asia. Además, en México cerca del 80% de la energía eléctrica proviene aún de fuentes fósiles, por lo que buena parte de la huella de carbono simplemente se desplaza del tubo de escape a la planta termoeléctrica.

Así, si lo que realmente se busca es reducir el impacto ambiental, la alternativa no está en reemplazar un tipo de automóvil por otro, sino en transformar el modelo de movilidad urbana: invertir en transporte público masivo, seguro y no contaminante; fomentar políticas de planeación urbana que reduzcan la dependencia del automóvil; y favorecer infraestructuras para modos de transporte alternativos, como ciclovías, redes peatonales seguras y sistemas de movilidad compartida. Ejemplos recientes en ciudades como Bogotá, Ámsterdam o incluso la Ciudad de México —con la expansión de ciclovías y sistemas de transporte como el Metrobús o el Cablebús— muestran que existen caminos más sostenibles. La ecología profunda, en este sentido, no rechaza la ciencia ni la tecnología, pero advierte que sin acción política colectiva y sin la voluntad de seguiremos atrapados en soluciones superficiales.

Ahora bien, la ecología profunda no se limita a proponer soluciones técnicas a problemas cotidianos, sino que, de manera mucho más radical, su propósito es modificar nuestros marcos mentales para así generar un cambio de cosmovisión  Es por ello que, entre otras cosas, propone la idea de una igualdad biosférica, es decir, la idea de reconocernos no como dueños de la naturaleza, sino como parte de una red de vida en la que animales, plantas, ecosistemas e incluso las diversas culturas humanas poseen un valor intrínseco. La ecología profunda, en este sentido, converge con otros marcos críticos contemporáneos que cuestionan la hegemonía del antropocentrismo moderno. Pensadores como Bruno Latour han mostrado cómo la modernidad construyó una separación ficticia entre naturaleza y sociedad, lo que impide percibirnos como parte de una red híbrida de seres dotados de agenciaTraducción del término inglés agency, se refiere a la capacidad o poder de actuar y producir efectos en el mundo. En su origen, el concepto se aplicaba únicamente a los…
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o poder de acción. Por su parte, Donna Haraway ha propuesto sustituir el concepto de AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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por el concepto de “Chthuluceno”, el cual invita a “tejer parentescos” entre humanos y no humanos para sobrevivir en un mundo dañad. Finalmente, Arturo Escobar ha defendido la necesidad de transitar hacia un “pluriverso” en el que se reconozcan múltiples ontologías y formas de habitar el mundo, más allá del modelo occidental de desarrollo. Todas estas perspectivas coinciden en que no se trata de rechazar como tal la ciencia o la tecnología, sino de reconocer sus límites y situarlas en un marco de justicia socioambiental y de igualdad biosférica.

Este principio de igualdad, formulado por Næss, implica reconocer el valor intrínseco de todas las formas de vida, humanas y no humanas, así como de las culturas diversas que integran la biósfera. Ejemplos contemporáneos de esta orientación pueden encontrarse en los derechos de la naturaleza, incorporados en la Constitución de Ecuador (2008) y en la Ley de la Madre Tierra en Bolivia (2010), o en debates recientes en torno a la protección de ríos, montañas y territorios indígenas en México. En estas propuestas resuena la idea de que la crisis del AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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no puede resolverse con paliativos tecnológicos ni con el mantenimiento del modelo de consumo actual, sino mediante un cambio civilizatorio que reconozca la interdependencia radical entre especies, ecosistemas y sociedades. Solo en este horizonte puede entenderse la ecología profunda no como una doctrina aislada de los años setenta, sino como un antecedente clave de debates contemporáneos sobre cómo imaginar un futuro justo y habitable.

Fuente: Ricardo Rozzi. Revista Ambiente y Desarrollo de CIPMA.

Fuentes:

Bugallo, A. I. (2007) Arne Naess: una filosofía ambiental práctica, entre la ciencia y la sabiduría. Revista Ambiente y Desarrollo de CIPMA, 23 (1): 108-111.

Ceberio, I. (2007)  La ecología como forma de vida. Revista Ambiente y Desarrollo de CIPMA, 23 (1): 106-107.

Ramos-Gutiérrez, Leonardo de Jesús, & Montenegro-Fragoso, Manuel. (2012). La generación de energía eléctrica en México. Tecnología y ciencias del agua, 3(4), 197-211. 

Rozzi, R. (2007) Ecología superficial y profunda: Filosofía ecológica. Revista Ambiente y Desarrollo de CIPMA, 23 (1): 102-105.