2.4 Tecnósfera y cultura

2.4 Tecnósfera y cultura

En la entrada anterior definimos qué es la tecnósfera e hicimos hincapié en su utilidad como categoría analítica para hacer tangibles y cuantificables —al menos de manera parcial— los efectos de una actividad humana caracterizada por la producción excesiva y el consumo desregulado sobre el medioambiente. Sin embargo, es fundamental señalar que la tecnósfera no se restringe a los desechos materiales acumulados en el planeta, sino que también incluye un horizonte simbólico y epistémico que transforma nuestras formas de percepción, de representación y de organización cultural.

Como ha señalado Peter Haff, el geólogo que acuñó el término, la tecnósfera puede entenderse como un sistema autónomo que articula la existencia humana y no humana a través de redes técnicas. En este sentido, la tecnología no constituye únicamente un conjunto de herramientas disponibles, sino una condición de posibilidad para la cultura misma. Pensemos, por poner un ejemplo, en la literatura: ¿cómo se pasa de la literatura oral (los mitos, las leyendas, los cantos rituales y sagrados) al texto escrito? Como ha mostrado Irene Vallejo en su libro El infinito en un junco, la transición de la oralidad al texto escrito no solo dependió de la invención de la escritura, sino también del desarrollo de soportes materiales (papiro, pergamino, papel) que permitieron fijar narraciones, mitos y saberes que, de otro modo, se habrían perdido. En ese sentido, la imprenta, perfeccionada en la Europa moderna, representa una etapa fundamental en esta relación dialéctica: su surgimiento no solo facilitó la circulación de textos, sino que propició transformaciones culturales y políticas de gran envergadura, como la Reforma protestante, la cual promovió la lectura individual de la Biblia sin necesidad de ningún mediador. Asimismo, algunos siglos más tarde, la imprenta permitió la creación de los periódicos y dio pie al surgimiento del género literario de “novela por entregas”, a las columnas y a las crónicas, abriendo el camino a la emergencia de los primeros medios de comunicación masiva.

Así pues, el vínculo entre técnica y cultura es bidireccional. Por un lado, las expresiones culturales se sirven de los avances tecnológicos para preservarse y difundirse; por otro, los hitos tecnológicos adquieren un lugar dentro de la memoria y del patrimonio cultural. La primera imprenta instalada en el continente americano —conservada hoy en la Casa de la Primera Imprenta de México— constituye un ejemplo de cómo la cultura se apropia de la técnica al resignificarla como símbolo de identidad y de modernidad. Innumerables artículos se han escrito sobre su historia, su función y su importancia durante la época colonial y, a final de cuentas, se ha construido alrededor de este edificio un complejo cultural. Se le atribuye de este modo un carácter histórico y antropológico, evidenciando una vez más que la cultura y la tecnología van de la mano.

Fuentes: Antropología. Boletín oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia. 

Algo similar puede observarse con la irrupción de la fotografía en el siglo XIX, irrupción que alteró la relación entre arte, memoria e historia, o en el surgimiento del cine, que creó un lenguaje estético propio y un dispositivo de circulación ideológica de alcance planetario. En la actualidad, la digitalización y el internet han modificado radicalmente nuestras prácticas de lectura y escritura, desde la literatura hipertextual hasta las plataformas de autopublicación y redes sociales, configurando de esta manera un nuevo régimen de producción cultural inscrito en la tecnósfera digital.

La tecnósfera, en suma, debe ser concebida no solo como una masa material de objetos y desechos, sino también como un entramado de dispositivos, técnicas y medios que median nuestra relación con el mundo. Su estudio permite comprender cómo los desarrollos tecnológicos impactan en la producción cultural y, a la inversa, cómo la cultura resignifica y legitima esos avances, dando lugar a un bucle de retroalimentación que condiciona la experiencia humana en el AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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¿Por qué hablar de la tecnósfera?

Pero la tecnósfera en la cultura no se manifiesta únicamente a través de la conservación de objetos técnicos en museos —como los primeros aviones o las herramientas de la Edad de Bronce—, sino que en la actualidad se presenta como un concepto inquietante debido a la magnitud de su crecimiento. Desde las Revoluciones Industriales hasta nuestros días, la tecnósfera ha multiplicado exponencialmente sus dimensiones: cada año produce, acumula y desecha nuevas capas de materiales, dispositivos y residuos que transforman la superficie terrestre y alteran el metabolismo del planeta.

Como categoría ecológico-científica, la tecnósfera nos permite nombrar los productos tangibles de la actividad humana que inciden en el ambiente: desde el acero, el hormigón y el plástico hasta los miles de satélites en órbita que ya constituyen una “capa” artificial alrededor de la Tierra. Sin embargo, su relevancia no se agota en lo material. También es un concepto cultural, pues la tecnósfera impacta la forma en que interpretamos el mundo y nos interpretamos a nosotros mismos. La literatura, el cine, la música y las artes visuales han ofrecido múltiples representaciones críticas de la tecnología y su papel en la vida cotidiana: desde las visiones distópicas de autores como Aldous Huxley o Georges Orwell hasta los debates contemporáneos sobre la inteligencia artificial y la cultura digital. Estas expresiones culturales no solo reflejan temores o esperanzas individuales, sino que articulan inquietudes colectivas frente a un sistema que privilegia el crecimiento económico-tecnológico por encima del bienestar social y ecológico.

De este modo, resulta evidente que ambos enfoques —el científico y el cultural— son necesarios para comprender en su totalidad el fenómeno de la tecnósfera. Mientras la ecología y las ciencias de la Tierra nos ofrecen métricas, datos y categorías para dimensionar la huella de la tecnósfera, la cultura nos da acceso a perspectivas subjetivas y comunitarias sobre cómo esas transformaciones afectan a la vida diaria, a los vínculos sociales y a la imaginación del futuro. Así, podemos entender que la tecnósfera no es solo una acumulación de materia y energía, sino también un horizonte simbólico que permea la experiencia humana en el AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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De ahí que una serie pautas extraculturales sean indispensables para entender las mutaciones culturales y sus manifestaciones, del mismo modo que las expresiones artístico-literarias resultan cruciales para captar las verdaderas dimensiones sociales del impacto tecnológico. Sin esta doble mirada —científica y cultural—, corremos el riesgo de reducir la tecnósfera a una mera estadística o, por el contrario, a una metáfora sin base material. Solo al mantener un diálogo entre ambas perspectivas podremos construir una comprensión más clara de las consecuencias que este entramado tecnológico tiene sobre nuestras vidas y sobre el planeta en su conjunto.

Bibliografía

Clark, R. L. (2001). “De la biósfera a la tecnósfera”. Stoa, 5 (2), 133-156.

Consciens, H. (2022). “La insoportable carga de la tecnósfera”. Climaterra. Disponible en: https://www.climaterra.org/post/la-insoportable-carga-de-la-tecnosfera

Haff, Peter. (2014). “Humans and Technology in the Anthropocene: Six Rules”. The Anthropocene Review, 1(2), 2014, 126–136.

El peso insostenible de la tecnosfera. (2023, 23 mayo). El Correo de la UNESCO. https://courier.unesco.org/es/articles/el-peso-insostenible-de-la- tecnosfera#:~:text=La%20tecnosfera%20es%20una%20emanaci%C3%B3n,herramientas%20 y%20trabajar%20con%20ellas.

Vallejo, Irene. (2019). El infinito en un junco. Madrid: Siruela.