1.4 Ecofeminismo

1.4 Ecofeminismo

ECOFEMINISMO: SU ORIGEN

Así como las clases y las comunidades desfavorecidas han sufrido en mayor medida las consecuencias ambientales negativas que resultan del modelo de desarrollo industrial, las mujeres han sido infravaloradas, ignoradas, invisibilizadas y oprimidas a lo largo del tiempo. De este modo, su destino ha llevado a algunas pensadoras a identificarlas no solo con la condición de los grupos subalternos, sino también con la de la naturaleza.

Todo lo anterior, en opinión del movimiento ecofeminista, se debe a la cultura en que nos desarrollamos y a la ideología que la preside. En efecto, por un lado se suele asociar a las mujeres con la imaginación, lo privado, el cuerpo, lo animal, la naturaleza salvaje y el objeto, mientras que, por otro, se tiende a apreciar a los hombres (sobre todo a los de origen europeo) en virtud de su asociación con la cultura, la civilización, la razón, la ciencia y el sujeto. En ese sentido, la filósofa australiana Val Plumwood asegura que esta dicotomía se funda en una lógica de dominación, toda vez que los seres considerados “inferiores” están destinados a servir a aquellos supuestamente superiores.

Al igual que para los movimientos que defienden la justicia ambiental, para el ecofeminismo es indispensable establecer una perspectiva interseccional que nos permita entender que tanto las comunidades indígenas como las mujeres, así como los animales y la naturaleza en general, han sido históricamente dominados por determinados hombres que forman parte de un sistema patriarcal. Por esta razón, considera que cualquier tipo de ecologismo tiene que de ir de la mano del feminismo, pues este último rechaza la explotación de cualquier ser, sea humano o no-humano.

En efecto, por un lado se suele asociar a las mujeres con la imaginación, lo privado, el cuerpo, lo animal, la naturaleza salvaje y el objeto, mientras que, por otro, se tiende a apreciar a los hombres (sobre todo a los de origen europeo) en virtud de su asociación con la cultura, la civilización, la razón, la ciencia y el sujeto. 

ECOFEMINISMO: DEFINICIÓN E HISTORIA DEL TÉRMINO

El término ecofeminismo fue acuñado en 1974 por la escritora francesa Françoise D’Eaubonne en su obra Le féminisme ou la mort (El feminismo o la muerte), la cual sentó las bases del movimiento al entablar paralelismos entre la mujer y la naturaleza, sobre todo a partir de sus características y atributos compartidos. Así, por ejemplo, la madre naturaleza, al igual que las mujeres, está dotada de la facultad para dar vida, razón por la cual es llamada “madre”. Pese a que esta asociación ya era conocida anteriormente en Occidente, la aportación de Françoise D’Eaubonne consiste en atribuir a las mujeres la capacidad de encabezar una revolución capaz de redefinir las relaciones entre hombres y mujeres, para, a partir de ello, reorientar la relación con el medioambiente. 

En ese sentido, Carolyn Merchant, en su libro de 1980 La muerte de la naturaleza, ofrece una de las primeras formulaciones ecofeministas al mostrar cómo la revolución científica de los siglos XVI y XVII transformó las concepciones de la naturaleza y, con ellas, las relaciones de poder sobre las mujeres. Según Merchant, el paso de una visión orgánica y femenina de la naturaleza —que la concebía como madre nutricia— a una concepción mecanicista que la reduce a ser un objeto de estudio y explotación legitimó tanto el dominio científico y técnico sobre el mundo natural como la subordinación de lo femenino. La metáfora de la “naturaleza como máquina” reemplazó a la de la “naturaleza como madre”, abriendo la puerta a su explotación sin límites. Desde esta perspectiva, el ecofeminismo de Merchant denuncia que la opresión de las mujeres y la destrucción ambiental comparten un mismo origen histórico en el patriarcado y en el desarrollo del capitalismo moderno, y propone recuperar formas de conocimiento y de relación con la naturaleza que privilegien el cuidado, la interdependencia y el respeto por los ciclos vitales. En la estela de D’Eaubonne y de Merchant, otras investigadoras ecofeministas han analizado causas biológicas, históricas y culturales para entender la relación entre las mujeres y naturaleza, dado que considerna que los hombres tienen una menor cercanía con la naturaleza.

También en 1980, el movimiento ecofeminista se consolidó en el congreso Women and Life on Earth: A Conference on Eco-Feminism in the Eighties, durante el cual se establecieron los objetivos del feminismo y sus relaciones con los objetivos medioambientales. En esta conferencia se llevó a cabo asimismo una reflexión sobre el aumento proporcional entre la violencia hacia la mujer y la destrucción de recursos naturales. Como se puede observar a partir de este ejemplo, el ecofeminismo se define también como un movimiento político capaz de generar un cambio social, el cual sería el resultado de una gran diversidad de perspectivas feministas reunidas en torno a la defensa del medioambiente.

Poema
Gioconda Belli

Soy llena de gozo

Soy Ilena de gozo,
llena de vida,
cargada de energías
como un animal joven y contento.
Imantada mi sangre con la naturaleza,
sintiendo el llamado del monte

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Poema
Irma Pineda Santiago

Soy la mujer tierra

Soy la mujer tierra que rasgaste para depositar tu semilla
Lavo mi cuerpo para ahuyentar el miedo
Limpio las huellas de pétalos rojos
sobre la tierna palma del petate

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A partir de varias obras dedicadas al tema, quedó asentado que este activismo estaría en condiciones de modificar el desarrollo tecnológico, económico y cultural, pues, para las militantes, filósofas y escritoras ecofeministas, la degradación ambiental y la dominación de género se debe al sistema capitalista y patriarcal, el cual es producto a su vez de la discriminación, el racismo, el clasismo y el colonialismoEl colonialismo es un sistema de dominación política, militar, económica y cultural por el cual un país ejerce el control sobre un territorio y una población ajenos (colonia), con el…
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propios de la Modernidad. Es por ello que, en última instancia, el ecofeminismo pretende acabar con el patriarcado, un modelo que exige la sumisión del otro considerado inferior y ejerce dominio sobre él, para así lograr la emancipación conjunta de las mujeres y de la naturaleza.

La perspectiva militante del movimiento es patente en el ecofeminismo latinoamericano, el cual se distingue por articular la crítica feminista con las luchas territoriales y comunitarias contra el extractivismo, la deforestación, la minería y otros proyectos que afectan de manera desproporcionada a pueblos indígenas, comunidades campesinas y, en particular, a las mujeres. A diferencia de las corrientes surgidas en Europa o Estados Unidos, en América Latina el ecofeminismo tiene un fuerte carácter político y material: denuncia las estructuras coloniales y capitalistas que explotan tanto a la naturaleza como a los cuerpos feminizados. Se centra en el papel de las mujeres como defensoras del agua, de la tierra y de la soberanía alimentaria, al tiempo que recupera saberes ancestrales sobre el cuidado y la reciprocidad con los ecosistemas. Casos como el de las “guardianas del agua”, en Perú, las mujeres indígenas amazónicas que resisten a las petroleras en Ecuador, o las comuneras de Cherán en México que se organizaron contra la tala ilegal, son expresiones concretas de este ecofeminismo. En él confluyen nociones de justicia social y justicia medioambiental, con un énfasis en la interdependencia entre vida humana y no humana. Su fuerza radica en visibilizar a las mujeres como sujetas políticas en la defensa de los territorios y en proponer alternativas comunitarias al modelo de desarrollo extractivo que predomina en la región.

A partir de varias obras dedicadas al tema, quedó asentado que este activismo estaría en condiciones de modificar el desarrollo tecnológico, económico y cultural, pues, para las militantes, filósofas y escritoras ecofeministas, la degradación ambiental y la dominación de género se debe al sistema capitalista y patriarcal, el cual es producto a su vez de la discriminación, el racismo, el clasismo y el colonialismoEl colonialismo es un sistema de dominación política, militar, económica y cultural por el cual un país ejerce el control sobre un territorio y una población ajenos (colonia), con el…
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propios a la Modernidad. 

ECOFEMINISMOS ESPIRITUALISTA Y ECOFEMINISMO MATERIALISTA

De lo anterior se desprende que al interior del ecofeminismo, entendido como una corriente de pensamiento que entrelaza la crítica ecológica y la perspectiva de género, existen debates significativos sobre la forma de concebir la relación entre mujeres y naturaleza. Una de las tensiones más visibles se da entre un ecofeminismo espiritualista, que recupera tradiciones simbólicas y mitos que vinculan lo femenino con la capacidad de dar vida, y un ecofeminismo crítico que busca romper precisamente esa asociación. En la vertiente espiritualista, se celebra la figura de la “Madre Tierra” como matriz fecunda, portadora de vida y depositaria de la armonía perdida con el mundo natural. Esta visión, si bien busca revalorizar lo femenino y su papel en la conservación de la vida, corre el riesgo de reproducir un estereotipo patriarcal de larga data: el que define a la mujer por su capacidad reproductiva y por una supuesta conexión “natural” y esencial con la tierra, invisibilizando así la diversidad de experiencias, identidades y formas de existencia femeninas.

En contraposición, otras corrientes ecofeministas, que bien podríamos llamar materialistas, insisten en que esta identificación esencialista perpetúa las estructuras simbólicas que han confinado históricamente a las mujeres a roles de cuidado, maternidad o sumisión al ciclo biológico. Desde esta perspectiva, la naturaleza no debe ser vista como un espejo de “lo femenino” ni las mujeres como garantes naturales de su protección. Más bien, se propone una alianza política y ética basada en la conciencia crítica de las opresiones compartidas: tanto los ecosistemas como las mujeres (y otros grupos históricamente marginados) han sido objeto de explotación, dominación y control bajo lógicas patriarcales, coloniales y capitalistas. Así, el propósito del ecofeminismo consiste en combatir todas las formas de opresión, lo cual supone no sólo lograr la emancipación de las mujeres y otros grupos marginales, sino también, desde luego, la del medio natural. Este enfoque evita caer en la trampa del esencialismo y busca liberar la relación con la naturaleza de toda carga determinista de género, promoviendo una visión plural, interseccional y emancipadora que reconozca a las mujeres como agentes diversos de transformación, no como encarnaciones inevitables de la “madre naturaleza”.

Siguiendo la línea del ecofeminismo de corte más espiritualista, diferentes investigadoras de esta corriente han trabajado en recuperar los fundamentos de las sociedades matriarcales de la Antigüedad. Se estima que las mujeres fueron anteriormente las encargadas de la agricultura, por lo que otorgaban mejores cuidados y atenciones a la naturaleza. No obstante, el sistema patriarcal que empezó a germinar durante el NeolíticoPeriodo de la prehistoria que comenzó alrededor del 10,000 a. C., caracterizado por la transición de sociedades cazadoras-recolectoras a comunidades agrícolas y sedentarias. Durante el Neolítico se domesticaron plantas y…
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creyó necesario controlar a la naturaleza, así como a la mujer. De ahí que este sector del ecofeminismo considere indispensable recuperar el culto a diosas, así como el poder que las mujeres han perdido al alabar a un dios varón, de forma que sea posible rescatar el carácter sagrado de la naturaleza.Una figura sobresaliente de este eje del ecofeminismo es la escritora, activista y “bruja” (así se denomina a sí misma) estadounidense Starhawk, la cual ha combinado una espiritualidad neopagana y la defensa del medioambiente en una propuesta política y cultural radical. Su pensamiento ecofeminista recupera la espiritualidad vinculada a la Tierra como fuente de poder y resistencia, defendiendo la “magia” y la ritualidad colectiva como herramientas de transformación social. Su figura representa la unión entre práctica espiritual, justicia de género y justicia ecológica.

Ahora bien, el ecofeminismo de corte más materialista ha mostrado que la asociación tradicional de la mujer con la naturaleza a partir de rasgos como la fertilidad deja de lado el hecho de que ambas han sido consideradas salvajes, incontrolables y amenazadoras a lo largo de buena parte de la historia humana. Es por eso que, según la ya mencionada D’Eaubonne, los hombres han tendido a impedir a las mujeres el control sobre la natalidad y a exaltar los ritos de fertilidad, pero no aquellos que prevenían embarazos, favoreciendo así un mundo sobrepoblado, en el que, al mismo tiempo, la fertilidad de la tierra se ve disminuida a causa de su sobreexplotación.

D’Eaubonne considera que, si las mujeres logran emanciparse, también ayudarán a la naturaleza a emanciparse. A su vez, la autora denuncia los límites de otros movimientos de emancipación como el socialismo tradicional, pues estas propuestas sólo se preocupan por cambiar el sistema económico, pero no por modificar nuestra relación con el mundo natural. Para ella, el sector económico ha ignorado formas de producción más respetuosas del medioambiente, así como ha marginado el conocimiento que las mujeres pueden tener de la naturaleza.

Fuente: “Venus de Willendorf”. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Venus_paleol%C3%ADticas

Como podemos observar, el papel de la mujer suele limitarse a su rol social, es decir, a su capacidad reproductora. De ahí que Van Plumwood haya analizado las implicaciones del dualismo en la identidad de género con el propósito de superar las dualidades centradas en la razón/emoción, el hombre/mujer, hombre/naturaleza, hombre/animal. Y es que este tipo de dualismos han justificado el dominio masculino y legitimado diferentes jerarquías, tanto sociales como medioambientales. Además, Plumwood ha acuñado el término master mentally o “dominación mental”para hacer referencia a la dominación en las relaciones de desigualdad entre grupos sociales.

REPENSAR EL ECOFEMINISMO: INCLUSIÓN DE TODO EL MUNDO

Con base en esta disolución de los dualismos que propone el ecofeminismo materialista, numerosas ecofeministas han convenido en que las mujeres y los hombres no deberían tener relaciones diferentes con el medio natural. Hombres y mujeres pueden ser poco generosos con la naturaleza, y es por ello que debe existir una unidad que no conozca diferencias para afrontar la crisis ambiental. Es cierto que, para lograr lo anterior, es necesario que no solo los hombres se liberen de las tendencias patriarcales en las que han sido educados, sino también el sistema de producción capitalista.

Ahora bien, dentro de algunas corrientes del ecofeminismo se ha tratado también de invertir el dualismo y la jerarquía predominante, de forma que la mujer pase a ser considerada moralmente superior al hombre. Esta inversión, sin embargo, resulta problemática, entre otras cosas porque, en caso de existir, seguiría promoviendo un desequilibrio entre naturaleza y cultura. Si consideramos que las mujeres son las únicas que pueden salvar el planeta, así como las únicas capaces de desempeñar un papel benéfico en el equilibrio entre los ecosistemas, la mujer termina presentándose como la única que tiene la capacidad de preocuparse y de cuidar a la naturaleza, lo que la seguiría relegando y limitando a los papeles del hogar.

Si, por el contrario, la mujer y la naturaleza son consideradas bestias que deben ser domesticadas por los hombres, se convierten en aquello que los hombres deben trascender para separarse de ellas, como sucede en algunos ritos de iniciación. De este modo termina por generarse un sentimiento de misoginia que va dirigido al mismo tiempo contra las mujeres y contra la naturaleza, como sucede en la actualidad con aquellos movimientos que promueven la supremacía de los varones.

Sin embargo, asociar a las mujeres con la naturaleza con base en la idea de la fertilidad compartida puede resultar problemático para el movimiento ecológico, ya que refuerza un estereotipo que carga de manera desproporcionada la responsabilidad ambiental sobre ellas. Al vincular lo “femenino” con el cuidado y la preservación, se corre el riesgo no solo de que los hombres se desentiendan de los cambios necesarios para enfrentar la crisis ecológica, sino de que se genere un ambiente de misoginia en el que se culpe a las mujeres del cambio de vida que todos necesitamos asumir para lidiar con el AntropocenoTérmino proveniente del griego ánthrōpos, que significa “ser humano”, y kainós, que puede traducirse como “nuevo” o “reciente”. Así, Antropoceno significa literalmente “la época reciente del ser humano”. El término…
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En ese sentido, la ecología profunda ha cuestionado el sesgo feminista del movimiento, en particular en su faceta espiritualista. El ecofeminismo, según diversos autores pertenecientes a la ecología profunda, se vuelve biologicista y reduccionista: ¿por qué la mujer debería ser más cercana a la naturaleza y cuidar de ella?, ¿acaso al hacer esto no se estaría marginalizándola, como lo ha hecho hasta ahora el patriarcado? Así pues, podemos llegar a la conclusión de que la identidad de los sujetos oprimidos es difícil de generalizar. La separación artificial de géneros y la alianza entre mujer y naturaleza limita el compromiso ambiental que todos tenemos como humanos. Algunos críticos abogan por la liberación de la naturaleza de rasgos antropomórficos y sexuados.

Sea como sea, en última instancia el ecofeminismo no se limita a liberar a las mujeres de las estructuras de opresión patriarcal ni a proteger la naturaleza de la explotación, sino que plantea una transformación integral de las relaciones humanas y ecológicas. Al cuestionar los modelos jerárquicos y extractivistas que dañan tanto a las personas como a los ecosistemas, propone una ética del cuidado y de la interdependencia que beneficia a toda la humanidad. Esto implica también la liberación de los hombres, quienes, aunque ocupen una posición privilegiada dentro del patriarcado, quedan atrapados en roles de dominación y desconexión que restringen su capacidad de vivir en equilibrio con otros y con la naturaleza. Así, el ecofeminismo ofrece una visión emancipadora para todos: mujeres, hombres y mundo no humano, al promover sociedades más justas, igualitarias y sostenibles.

 Si consideramos que las mujeres son las únicas que pueden salvar el planeta, así como las únicas capaces de desempeñar un papel benéfico en el equilibrio entre los ecosistemas, la mujer termina presentándose como la única que tiene la capacidad de preocuparse y de cuidar a la naturaleza, lo que la seguiría relegando y limitando a los papeles del hogar.

EL ECOFEMINISMO EN LA TEORÍA LITERARIA

El lazo que permite vincular el ecofeminismo con el análisis de textos literarios es la valoración de la otredad: así como debe reconsiderare el papel de la mujer en nuestras sociedades, así también deben reconsiderarse las formas de vida no-humanas. Este gesto crítico se hace posible siempre y cuando rechacemos la supuesta diferencia fundamental entre los seres, por lo que se vuelve indispensable cuestionar el valor y la pertinencia de los compuestos binarios (hombre/mujer, hombre/naturaleza, hombre/animal) para que seamos capaces de ampliar nuestra mirada.

Ahora bien, el patriarcado se basa precisamente en dichas dualidades, las cuales suelen prestar más atención a sus elementos más privilegiados. Para la crítica ecofeminista, el canon literario en general refleja esta marginalización. Así, en un primer momento, considerar la identidad de los elementos infravalorados por estas dualidades se convierte en el gesto principal de las técnicas de análisis literario ecofeminista. Este cambio se vuelve un principio desestabilizador para los dominadores, ya que los elementos infravalorados dejan de ser pasivos, de forma que resulta más difícil usarlos y dominarlos. La literatura es una representación simbólica de identidades, roles y estatus de género, por lo que tanto las mujeres como los seres no-humanos se encuentran presentes en la literatura, en todas las manifestaciones del arte y de la cultura. Por estas razones, el ecotexto se vuelve un medio de expresión para aquellos que habían sido silenciados y marginados.

En esta representación simbólica es posible observar la ideología que naturaliza y animaliza a las mujeres, además de feminizar a la naturaleza. En la literatura se deja ver la existencia o la carencia de diferentes visiones: la dualidad jerarquizada o la denuncia a partir de la ética ecológica. En los textos literarios y los subtextos se infiere lo que se dice o, al contrario, se silencia. El ecofeminismo crítico estudia también los discursos narrativos y poéticos presentes en las obras de mujeres y hombres, así como el tratamiento que se le otorga en ellos a la identidad de género. Por ejemplo, los arquetipos de mujeres se presentan en dualidades: mantenedoras o amenazantes para el sistema (buenas esposas, madres e hijas, ángeles del hogar versus las malas mujeres por emancipadas, ausentes, femme fatale). Por otro lado, se analiza la preeminencia del arquetipo viril.

Novela
Elia Barceló

El mundo de Yarek

La tierra era árida, como una antigua manta de campaña arrugada y raída. Un paisaje de lomas sin fin que el plastividrio del móvil de aterrizaje fingía de un violeta sucio y que de hecho sería un pardo amarronado cuando se encontrara en la superficie.
Habían dejado atrás altas cordilleras cubiertas de nieve, riscos pelados de roca calcárea, profundas barrancas sin rastro de vida; habían sobrevolado incluso un desierto de arena infinita, pura y muerta.

 En un segundo momento, sin embargo, el objetivo del ecofeminismo literario es no ya sólo cuestionar, sino disolver las dualidades mencionadas antes. En efecto, el ecofeminismo crítico tiene como objetivo deconstruir en ficciones literarias el sistema androcentrista y antropocentrista que regula el sistema. Aunado a esto, el ecofeminismo crítico busca identifica las diferentes elaboraciones narrativas y poéticas que han hecho autores y autoras sobre la distinción naturaleza/cultura; analiza presencias y ausencias temáticas; denuncia la opresión de las vidas humanas y no-humanas; imagina la posibilidad de crear un mundo más justo, así como la universalización (la humanidad en su conjunto) de la ética del cuidado de la mano con la ética de la justicia.

Algunas de las preguntas que orientan este análisis literario dentro del ecofeminismo son las siguientes: ¿La preocupación ecológica en el texto literario está ligada a una ética que garantiza derechos y justicia sin discriminación de género, clase o especie? ¿Hay puntos comunes entre la percepción de la naturaleza y heterodesignaciones patriarcales sobre las mujeres? ¿Los animales y las mujeres aparecen sólo invisibilizados, como parte de mercadotecnia o consumo? ¿Hay más animalización de personajes femeninos por su sujeción a la naturaleza y a la sexualidad desbordante? ¿Cuándo aparece la naturaleza no humana y en relación con qué género? ¿Están presentes características atribuibles al sexo femenino como la empatía, la escucha, el cuidado o la compasión? ¿Presenta la narrativa continuidad o rupturas con las figuras arquetípicas? ¿La mujer es un sujeto invisibilizado y periférico como la naturaleza, cuya presencia es más un marco y escenario para que la cultura y el hombre se desarrollen?

Las representaciones artísticas y literarias nos hacen conscientes y conocedores de los hábitos que conforman nuestra vida, los cuales subyacen a nuestra consciencia y determinan nuestras actitudes. Los textos pueden ayudar o, al contrario, sabotear actitudes medioambientales irresponsables. Nuestros comportamientos respecto a la naturaleza dependen de lo que somos, cuándo y dónde lo somos.Si mujer y naturaleza comparten un mismo destino, la literatura puede ayudar a ambas o, al contrario, relegarlas.

De esta forma, los textos literarios se convierten en vehículos ajenos a la exclusión, que transmiten la verdadera identidad de los seres, los cuales son agentes de su discurso. Todo esto se puede entender como la defensa de la variedad cultural que, además, conoce el medio natural y la psicología humana, pues el ser humano expresa su conciencia y reflexión del entorno en los textos. Como dice a este respecto Eva Antón Fernández:

La literatura no tiene sexo, pero sí parece maleable al y por el género. Porque la literatura es, en sí misma, una práctica ideológica de representación del sistema de sexo-género.

Novela
Marie Darrieussecq

Marranadas

Pero tengo que escribir este libro sin más dilación, porque si me encuentran en el estado en que estoy ahora, nadie querrá escucharme ni creerme. Sin embargo, sujetar un bolígrafo me provoca unos calambres terribles. Tampoco tengo apenas luz, me veo obligada a parar cuando cae la noche, y escribo muy pero que muy despacio. Por no hablar de lo que me ha costado dar con este cuaderno, ni del barro que todo lo ensucia y diluye la tinta a medio secar. Espero que el editor que tenga la paciencia de descifrar mi letra de gorrino tome en consideración los terribles esfuerzos que hago para escribir de la forma más legible posible.

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Referencias

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